Colega Destacado – Miguel Ángel Blanco Gálvez
Miguel Ángel Blanco Gálvez es farmacéutico egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1975 y bioquímico desde 1972, formado en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA.
Desde el 1º de septiembre de 1977 ejerce de manera ininterrumpida en la Oficina Farmacéutica fundada por él mismo, ubicada en González Catán, provincia de Buenos Aires. Su trayectoria de casi cinco décadas lo convierte en un referente indiscutido del ejercicio profesional farmacéutico, con una mirada profunda, reflexiva y comprometida con la esencia de la profesión.
Al ser consultado sobre cómo percibe la realidad actual de la profesión farmacéutica, Miguel Ángel aporta una reflexión basada en su extensa experiencia:
“Dado el extenso período de ejercicio profesional (50 años), no puedo dejar de destacar los profundos cambios en el ejercicio profesional farmacéutico, en especial en la atención al paciente y la operatividad cambiante en la dinámica global a través del tiempo. También los cambios en los aspectos tecnológicos, contables y la relación profesional y comercial con los protagonistas de nuestro quehacer diario: proveedores, obras sociales, empleados, asistentes técnicos en informática, publicidad, el cambio dinámico en las comunicaciones, la innovación en instalaciones, en las medidas de seguridad y controles de variado tipo dentro de las dependencias de la farmacia. También es importante lo referente a la actualización permanente, interacción con otros profesionales e Instituciones, etc.
También es perceptible en este presente de nuestra profesión como exigente en cuanto al contacto con otros servicios muy importante, las obras sociales, que son gran parte de nuestros ingresos económicos, por la magnitud del número de afiliados.
Todo esto indefectiblemente resta tiempo físico a nuestra atención profesional personalizada, y a la interacción diaria con los pacientes que es sin duda, un valor agregado y un ideal orientado al enriquecimiento satisfactorio del ejercicio profesional.
Resumiendo, en la actualidad se ha perdido en parte, el brillo del ejercicio profesional a cambio de otras actividades internas, propias del quehacer económico y otros de la farmacia oficinal o particular.”
Al proyectar el futuro de la profesión, Miguel Ángel expresa con claridad sus inquietudes y la necesidad de mantenerse alertas como colectivo profesional:
“Lo dicho: una menor presencia del profesional en el mano a mano con el paciente en el mostrador. Mayor inquietud por el avance de las desregulaciones que más temprano que tarde, nos harán perder fuerza, presencia y profesionalidad en el mercado.
Estas circunstancias nos obligará a estar muy unidos y atentos a los cambios e innovaciones de todo tipo que nos puedan jugar en contra, comparando con del ejercicio profesional de antaño.”
En relación con el trabajo solidario dentro del ámbito farmacéutico y su conocimiento de Farmacéuticos Sin Fronteras de Argentina, Miguel Ángel comparte:
“Sí. De hecho, formo parte desde hace un año aproximadamente a F.S.F.A. con vocación solidaria y benéfica para que el medicamento llegue en nuestro país a los lugares sociales carenciados, vulnerables y necesitados.”
Consultado sobre la importancia de este tipo de acciones, su respuesta es contundente:
“Obviamente que sí. Partiendo del principio de que nuestra profesión es desde siempre una carrera vocacional, para servir con nuestros conocimientos al paciente en su salud y bienestar físico.
Además, se hace esto más evidente en la estrecha relación humana que nuestra labor de trabajo nos ha proporcionado siempre.
El contacto físico con la realidad del paciente es un disparador fuerte para despertar sentimientos solidarios.”
Al dirigirse especialmente a los colegas más jóvenes, Miguel Ángel deja un mensaje cargado de valores, ética y vocación:
“Como farmacéutico veterano con décadas de experiencia y dedicación, lo primero que me inspira decirles es que nuestra noble profesión farmacéutica se ubica dentro de las carreras universitarias de la salud, principalmente de servicio, cara a cara y corazón a corazón, con una deriva social que no hay que desconocer, y también con una implicancia comercial evidente que no hay que descuidar, pero que siempre tiene que por estar detrás de lo vocacional y de la prioridad de ofrecer nuestros conocimientos y solidaridad para mejorar la calidad de vida de la gente, y fortalecer el orden de los servicios y mostrar con los hechos los resultados en lo que se refiere al bienestar físico y general de la comunidad.
La confianza se gana, no se vende ni se compra. Nuestro consejo y el asesoramiento correcto deben ser prioritarios en la relación farmacéutico-paciente. Para eso debemos tener los conocimientos bien consolidados y la disposición humana siempre presente.
Lo segundo a manifestar es que, de alguna manera, hay que devolver a la sociedad lo que ella, a través del pago de sus Impuestos nos ha permitido que con nuestro esfuerzo y perseverancia por el paso de la universidad pública, ser profesionales universitarios especializados en la dispensación correcta del bien social más preciado e importante: el medicamento.
Recuerdo una célebre premisa de un prestigioso profesor de la Facultad, en las últimas materias antes de la graduación : Deontología.
“Primero se debe ser un señor, (con la implicancia absoluta que el término encierra) , y después ser el doctor.”
Somos seres humanos interconectados, poseedores de múltiples herramientas y conocimientos que, bien aplicados, hacen posible que nuestra actividad sea digna, próspera y solidaria.”
El testimonio del colega Miguel Ángel Blanco Gálvez refleja la esencia más profunda del ejercicio farmacéutico: vocación, ética, cercanía y compromiso social. Su trayectoria, construida a lo largo de casi cincuenta años de labor ininterrumpida, nos recuerda que la farmacia es mucho más que una actividad profesional: es un servicio a la comunidad, un vínculo humano y una responsabilidad social que se honra todos los días detrás del mostrador.


